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ElProfe
04-jul-2007, 11:36
Conocimientos sobre los efectos del alcohol

El alcohol es un disolvente, a concentraciones elevadas aminora o detiene la actividad de las células simplemente alterando las funciones de la pared celular. Sin embargo, muchos de los efectos del alcohol en el organismo aparecen con dosis mucho más bajas y se da debido a su acción sobre las distintas células del organismo, entre ellas la del cerebro.
El alcohol, como sabemos, a veces actúa “subiendo” y provoca sensaciones de alegría, excitación y ganas de hablar, pero otras actúa “bajando”, produciendo sensaciones de calma o incluso adormecimiento. La forma de actuar de estos efectos dependen de la dosis, las características del individuo y, en menor medida, de la situación.

Efectos Agudos

Las dosis elevadas de alcohol pueden matar porque el alcohol actúa directamente sobre la respiración, suprimiéndola. También pueden alterar la coordinación y el razonamiento hasta el punto de que las personas acaban viéndose implicadas en accidentes.

Lo alarmante es que la mayoría de las personas no consideran que el alcohol sea el tipo de droga que pueda matar por sobredosis.

El Corazón

El alcohol hace que el corazón sea menos eficiente, de manera que los órganos reciben una menor cantidad de sangre, incluidos los músculos esqueléticos (los responsables del movimiento físico y la fuerza).

Mediante un estudio realizado a hombres jóvenes durante el reposo y practicando ejercicio, se observó sobre la función cardiaca los efectos de una dosis de alcohol (igual a 4-5 copas). Los que tomaron alcohol alcanzaron por término medio un nivel de alcohol en sangre de aproximadamente 120 miligramos % (en Estados Unidos, valores entre 80 y 100 miligramos % se consideran ilegales para conducir), durante el ejercicio mostraron un mayor incremento de la frecuencia cardiaca pero una menor elevación de la presión sanguínea que los individuos que no habían consumido alcohol. Ello significa que sus corazones estaban trabajando más, pero que distribuían la sangre de forma menos eficaz. Tras el ejercicio, los individuos que habían ingerido alcohol necesitaron cuatro horas para que la frecuencia cardiaca regresara a la normalidad mientras que aquellos que no lo habían tomado sólo necesitaron una hora. Claramente, el corazón no funciona tan bien durante el ejercicio ni se recupera tan rápidamente en presencia del alcohol. Dosis inferiores de alcohol, entre 30 y 100 miligramos % , parecen tener efectos similares.

Los Pulmones

El alcohol suprime los reflejos de las vías respiratorias altas que intervienen en la regulación de flujo de aire que entra y sale de los pulmones. Si bien este efecto es ligero a dosis inferiores a los 100 miligramos por cien (el límite legal en la mayoría de los estados de EE.UU.), cualquier supresión tendrá un impacto sobre el flujo de aire, especialmente durante el ejercicio.

El Cerebro

Sin el cerebro, los músculos no se moverían, los movimientos no estarían coordinados en secuencias perfectas y los deportistas no podrían captar información nueva o aprender nuevas técnicas. Como el cerebro controla todo lo que hacemos –física y mentalmente–, cualquier droga que le afecta puede cambiar el rendimiento de muchas maneras distintas. Normalmente el alcohol disminuye la actividad de las células cerebrales provocando que la mayoría de las funciones decaigan y perjudicando muchos aspectos que intervienen en el rendimiento físico.

Para relajarse

Siempre se ha dicho que el alcohol disminuye la ansiedad, y en otras ocasiones las personas lo utilizan en el convencimiento de que elimina el nerviosismo que acompaña a las competiciones. Esto no es así. Y más importante, incluso a pequeñas dosis, el alcohol perjudica funciones físicas complejas como son la coordinación y la secuencia de movimientos.

Mientras el alcohol se encuentra en la sangre, las personas son menos capaces de aprender y almacenar nueva información debido a que produce una inhibición en un área del cerebro llamada hipocampo, una región crítica para la formación de nuevas memorias. Cualquiera que se halla emborrachado alguna vez probablemente habrá tenido la sensación de haber perdido su claridad habitual para recordar cosas que le ocurrieron mientras estaban bebiendo. Ello es debido a que el cerebro es menos capaz de convertir la información en memoria cuando el alcohol está presente.
Así, ¿Significa esto que todo lo que un deportista tiene que hacer es evitar el alcohol antes de una sesión de entrenamiento o una sesión de estrategia? No. La forma que tiene el cerebro de generar memoria no es tan simple. Necesita tiempo para que se formen y el cerebro sigue trabajando en ello después de que la persona halla dejado “concientemente de estudiar”. El cerebro realiza buena parte de su trabajo después, cuando la persona no está pensando sobre la información recibida. Todos sabemos que el alcohol altera los patrones normales del sueño.

Otra de las cosas que tienen lugar durante el sueño es la secreción de la hormona del crecimiento, la señal interna del organismo para crecer más y más fuerte –especialmente importante para los deportistas como parte del proceso normal de construcción y reparación del músculo–. Debido a sus efectos sobre el sueño, el alcohol puede reducir la secreción de la hormona del crecimiento durante la noche en casi un 70 por ciento.

Aspectos específicos para el entrenamiento

Temperatura Corporal

Sabemos que el “termostato” esta funcionando cuando sudamos en un ambiente caluroso, el sudor, al evaporarse, enfría la piel y hace descender la temperatura. El alcohol afecta a la temperatura corporal de dos formas distintas: actuando sobre el cerebro y provocando la dilatación de las vasos sanguíneos que están cerca de la piel. El efecto sobre el cerebro perjudica la capacidad del organismo para regular su propia temperatura, y el efecto sobre los vasos sanguíneos provoca una pérdida de calor a través de la piel. Durante el entrenamiento, cuando la temperatura corporal del cuerpo se eleva como resultado del ejercicio, estos efectos se amplían. El alcohol altera la capacidad del organismo para regular la temperatura en ambas direcciones del termómetro. Contrariamente a la creencia popular sobre los efectos de una cerveza fría en un clima caluroso, el alcohol provoca el aumento de la temperatura corporal cuando se bebe en un ambiente de calor. Se han dado casos de muerte por beber demasiado en un bar demasiado caldeado.

Como el alcohol altera la regulación de la temperatura, practicar ejercicios bajo los efectos del alcohol en ambientes tanto fríos como calurosos puede ser peligroso. El alcohol puede elevar las posibilidades de hipotermia accidental (pérdida peligrosa de temperatura corporal) durante el ejercicio en ambientes fríos.

Finalmente, no haga caso de la antigua creencia de que el alcohol mantiene el cuerpo caliente cuando hace frío. Aunque se puede sentir calor tras tomar una bebida alcohólica debido a que el alcohol dilata los vasos sanguíneos cercanos a la piel, sus efectos sobre la regulación de la temperatura actúan rápido y el cuerpo puede empezar a perder calor.

Efectos calmantes o estimulantes a dosis muy bajas

Uno de los aspectos más interesantes sobre el alcohol es que sus efectos son bifásicos –bajo determinadas condiciones provoca sedación o adormecimiento, y bajo otras actúa como estimulantes. Uno se puede sentir feliz, hablador y desinhibido después de beber, mientras la cantidad de alcohol en sangre es elevada, pero en cuanto el nivel máximo empieza a descender, también lo suelen hacer las sensaciones que produce. Cuando el nivel de alcohol en sangre desciende, se suelen tener sensaciones de decaimiento, cansancio o incluso depresión.

Como a dosis bajas el alcohol puede tener efectos estimulantes, algunas personas creen que puede mejorar el rendimiento físico. Esta afirmación es incorrecta, se pudo comprobar mediante estudios realizados, los cuales no advirtieron ninguna mejora en el rendimiento.

Consideraciones Especiales para los Jóvenes

El alcohol puede afectar a los niños, los adolescentes y tal vez a los jóvenes a principio de la veintena de forma diferente a como lo hace en los adultos. A primera vista, parece extraño que la misma droga pueda tener efectos tan diferentes según las edades, pero la neurociencia nos enseña que el cerebro esta en continuo desarrollo y cambio a medida que la persona crece y acerca a la veintena, y que el cerebro en desarrollo presenta una característica de sensibilidad y vulnerabilidad únicas.

Efectos sobre el aprendizaje y la memoria

Uno de los efectos del alcohol mejor conocido es que perjudica la capacidad para retener información nueva. Una única dosis de alcohol (por debajo del límite legal para la intoxicación) provoca un efecto mucho más poderoso en el aprendizaje de personas entre los veintiuno y los veinticuatro años de edad que en las que alcanzan la treintena.

Sedación o adormecimiento

Los adolescentes son menos sensibles que los adultos a los efectos sedantes del alcohol. En estos casos, dormir sería una opción mucho más segura que la práctica de una actividad compleja que requiere buenos reflejos y coordinación.

Tolerancia

Con el tiempo, el cuerpo se adapta a algunos de los efectos del alcohol y será necesario ingerir dosis mayores para obtener los mismos efectos que antes. Este proceso, llamado tolerancia es uno de los procesos que contribuye al desarrollo de la adicción. Estudios recientes demuestran que algunas formas de tolerancia resultan más rápidamente en adolescentes que en adultos. Esta claro que un joven deportista no debería caer en una costumbre que podría llevarle a la adicción al alcohol.

Efectos crónicos

Muchos deportistas universitarios pueden beber muy poco o nada durante la semana pero mucho durante el fin de semana o después de un partido. Muchos equipos tienen un acuerdo de “nada de alcohol en temporada”, pero no han establecido ningún límite para la cantidad consumida fuera de temporada. De la misma manera, el cuarentón aficionado a correr puede “premiarse” con tres o cuatro copas el viernes y el sábado por una buena semana de entrenamiento. Este patrón de consumo puede ser mucho peor para el organismo que consumir la misma cantidad de alcohol repartida durante los siete días de la semana, y ello porque el cerebro no se puede adaptar a la estimulación provocada por la bebida intermitente. Los patrones de bebida de cada persona son distintos, pero si el alcohol forma parte de la vida de una persona durante meses o años, habrá que considerar los efectos del consumo “crónico”.

El corazón y otros músculos

El consumo crónico y en grandes cantidades provoca daños en el músculo cardíaco. Cuanto mayor es la cantidad de alcohol, el músculo cardíaco se vuelve más débil. Pero, no sólo se muestran lesiones cardíacas, sino que los músculos esqueléticos también serán débiles. Así, tras varios años de un consumo relativamente elevado, el músculo cardíaco y los músculos esqueléticos se dañan.

Los pulmones

Los bebedores crónicos son más propensos a desarrollar enfermedades pulmonares. Un estudio realizado teniendo en cuenta varios factores de estilo de vida y salud (entre ellos, el hábito de fumar) ha concluido con que el consumo de alcohol aislado no tiene influencia significativa en la función pulmonar. Por otra parte, un consumo de alcohol superior a las cuatro copas diarias acelera el deterioro de la función pulmonar. Así afirmamos que los pulmones no son tan vulnerables a los efectos del alcohol como el corazón, pero sí, un consumo excesivo aumenta el riesgo.

El cerebro

El consumo crónico perjudica la función cerebral, especialmente el aprendizaje y la memoria. Algunos de los efectos más duraderos se producen en el hipocampo, la parte más importante del cerebro para la formación de la memoria. Las personas que consumen tres o más bebidas cada día pertenecen al grupo de riesgo.

El uso crónico del alcohol puede dañar el cerebro de forma permanente. Para la mayoría de los deportistas, probablemente no valga la pena arriesgar una estructura tan importante para la coordinación de los movimientos.