ElProfe
04-jul-2007, 11:43
El contenido de agua en el organismo es un parámetro crucial, que debe ser objeto de un control muy preciso. Cualquier déficit provoca una sensación de sed tendente, por medio de la ingestión apropiada de liquido, a restaurar el volumen circulante. Durante el esfuerzo, la sed no es muy operativa y sobreviene demasiado tarde, lo cual puede conducir a la aparición de un déficits de consecuencias nefastas.
Por tal razón los especialistas aconsejan beber muy frecuentemente, sobre todo si hace mucho calor. Hace tiempo se consideraba que el agua pura constituía el único liquido indispensable. Al estimular este procedimiento, se facilito involuntariamente la aparición de una anomalía ligada a una caída de la tasa de sodio (la sal se compone de cloruro de sodio) en la sangre. Presente en la totalidad de los alimentos (aunque en contenidos muy variables), este mineral casi nunca da lugar a problemas de carencia en los países occidentales. Al contrario, en comparación con los aportes actualmente recomendados, alrededor de 5 g al día, nuestra ración presente un claro excedente. Afortunadamente el deportista elimina una mayor cantidad de sodio y presenta necesidades crecientes, de modo que la diferencia entre lo que necesita su organismo y lo que su ración le aporta es menor que en los sedentarios.
Una doble intoxicación: demasiada agua y poca sal
A pesar de la generosidad de los aportes alimentarios y de los eficaces procedimientos de retención puestos en marcha a nivel renal, desde hace tiempo se cuestiona el interés eventual de aportes de sodio durante el esfuerzo. ¿Por qué? En condiciones de esfuerzo muy particulares se manifiestan a veces abundantes perdidas de sodio. Se sabe, sin embargo, que el sudor lo contiene menos que el plasma, sobre todo en un sujeto aclimatado al calor. Por tal motivo, la deshidratación que acompaña a ciertos esfuerzos da lugar mas bien a un aumento de la proporción sanguínea de la mayor parte de minerales: se designa a este fenómeno como “hemoconcentracion de esfuerzo”.
Aparece tanto mas marcado cuanto mas poco se bebe durante el esfuerzo. Esto explica que algunos de los especialistas mas destacados hayan juzgado inútil en el pasado incorporar sodio a las bebidas ingeridas durante el esfuerzo. Solamente hace una docena de años que el mundo científico ha señalado los peligros causados por la ingestión de cantidades demasiado grandes de agua durante el esfuerzo, y mas particularmente de soluciones pobres en sodio. En 1985 se describieron por primera vez cuatro clases de atletas que habían desarrollado una “hiponatremia” (una caída de la tasa sanguínea de sodio u otras sales), o también “intoxicación por agua”, consecutiva a la ingestión de un volumen de bebida que excedía a sus perdidas por el sudor. Con el tiempo, se ha incrementado la frecuencia del problema: se han multiplicado las observaciones similares al termino de maratones, lo cual ha permitido caracterizar a los sujetos de “riesgo”. No se trata nunca de corredores de elite, sino mas bien de individuos medios que realizan estos esfuerzos en un tiempo de 9 a 11 horas. Conforme con las recomendaciones hechas en estos países por el cuerpo medico, para el cual la deshidratación constituye el peligro numero uno, se paraban en cada puesto de avituallamiento para beber, lo cual, teniendo en cuenta su poca velocidad, les llevaba a ingerir mas liquido (700 ml/h) del que eliminaban por medio del sudor (menos de 500 ml/h). Además, escogían productos de bajo contenido en sodio, de modo que se producían simultáneamente dos fenómenos: el crecimiento del volumen plasmático y una disminución del numero de partículas de sodio presentes en la sangre.
La prevención es sencilla, ya que se resume en dos aspectos: basta añadir un poco de sodio a las bebidas (si no lo contienen en cantidades suficiente), sabiendo que basta un gramo cada dos horas después de dos horas de esfuerzo continuo, y no beber por encima de las perdidas sudorales. Una ingestión media de 50 cl/h, a matizar según las condiciones climáticas, parece optima. Así se combaten las dos características de esta anomalía aun marginal en nuestro país, que son, por una parte, el déficit de sodio y, por otra, el exceso de agua. Salvo esta curiosidad, no existe ningún riesgo en beber demasiado. ¡ solamente el de orinar a menudo!
Por tal razón los especialistas aconsejan beber muy frecuentemente, sobre todo si hace mucho calor. Hace tiempo se consideraba que el agua pura constituía el único liquido indispensable. Al estimular este procedimiento, se facilito involuntariamente la aparición de una anomalía ligada a una caída de la tasa de sodio (la sal se compone de cloruro de sodio) en la sangre. Presente en la totalidad de los alimentos (aunque en contenidos muy variables), este mineral casi nunca da lugar a problemas de carencia en los países occidentales. Al contrario, en comparación con los aportes actualmente recomendados, alrededor de 5 g al día, nuestra ración presente un claro excedente. Afortunadamente el deportista elimina una mayor cantidad de sodio y presenta necesidades crecientes, de modo que la diferencia entre lo que necesita su organismo y lo que su ración le aporta es menor que en los sedentarios.
Una doble intoxicación: demasiada agua y poca sal
A pesar de la generosidad de los aportes alimentarios y de los eficaces procedimientos de retención puestos en marcha a nivel renal, desde hace tiempo se cuestiona el interés eventual de aportes de sodio durante el esfuerzo. ¿Por qué? En condiciones de esfuerzo muy particulares se manifiestan a veces abundantes perdidas de sodio. Se sabe, sin embargo, que el sudor lo contiene menos que el plasma, sobre todo en un sujeto aclimatado al calor. Por tal motivo, la deshidratación que acompaña a ciertos esfuerzos da lugar mas bien a un aumento de la proporción sanguínea de la mayor parte de minerales: se designa a este fenómeno como “hemoconcentracion de esfuerzo”.
Aparece tanto mas marcado cuanto mas poco se bebe durante el esfuerzo. Esto explica que algunos de los especialistas mas destacados hayan juzgado inútil en el pasado incorporar sodio a las bebidas ingeridas durante el esfuerzo. Solamente hace una docena de años que el mundo científico ha señalado los peligros causados por la ingestión de cantidades demasiado grandes de agua durante el esfuerzo, y mas particularmente de soluciones pobres en sodio. En 1985 se describieron por primera vez cuatro clases de atletas que habían desarrollado una “hiponatremia” (una caída de la tasa sanguínea de sodio u otras sales), o también “intoxicación por agua”, consecutiva a la ingestión de un volumen de bebida que excedía a sus perdidas por el sudor. Con el tiempo, se ha incrementado la frecuencia del problema: se han multiplicado las observaciones similares al termino de maratones, lo cual ha permitido caracterizar a los sujetos de “riesgo”. No se trata nunca de corredores de elite, sino mas bien de individuos medios que realizan estos esfuerzos en un tiempo de 9 a 11 horas. Conforme con las recomendaciones hechas en estos países por el cuerpo medico, para el cual la deshidratación constituye el peligro numero uno, se paraban en cada puesto de avituallamiento para beber, lo cual, teniendo en cuenta su poca velocidad, les llevaba a ingerir mas liquido (700 ml/h) del que eliminaban por medio del sudor (menos de 500 ml/h). Además, escogían productos de bajo contenido en sodio, de modo que se producían simultáneamente dos fenómenos: el crecimiento del volumen plasmático y una disminución del numero de partículas de sodio presentes en la sangre.
La prevención es sencilla, ya que se resume en dos aspectos: basta añadir un poco de sodio a las bebidas (si no lo contienen en cantidades suficiente), sabiendo que basta un gramo cada dos horas después de dos horas de esfuerzo continuo, y no beber por encima de las perdidas sudorales. Una ingestión media de 50 cl/h, a matizar según las condiciones climáticas, parece optima. Así se combaten las dos características de esta anomalía aun marginal en nuestro país, que son, por una parte, el déficit de sodio y, por otra, el exceso de agua. Salvo esta curiosidad, no existe ningún riesgo en beber demasiado. ¡ solamente el de orinar a menudo!