ElProfe
04-jul-2007, 01:36
Pocos hidratos de carbono y proteínas
¿Para que sirven las verduras? Pregunta descabellada, pero que se plantean frecuentemente los deportistas cuando se inquietan por la calidad de su alimentación. Comprendámosles: saben que si no comen suficientes hidratos de carbono, o sea pastas, arroz, patatas o pan, no pueden mantener su entrenamiento. Igualmente es bien conocida la importancia de las proteínas: productos lácteos (para evitar las carencias de calcio), carnes (ricas en hierro y en cinc), y huevos, deben figurar también cotidianamente en los menues de los deportistas. Todo aporte insuficiente de una de estas categorías de alimentos repercute rápidamente sobre la forma o el estado de salud: fatiga, recuperación deficiente, déficit inmunitario, reducción del numero de glóbulos rojos, y problemas de concentración, afectan a quienes no ingieren bastantes proteínas. El aporte de estos diferentes grupos de comestibles tiene prioridad, por tanto, sobre cualquier otra consideración.
Las cantidades requeridas son a veces muy copiosas. Supongamos el caso de un deportista de 60 Kg. que se entrena cinco veces por semana. Los cálculos indican que necesita ingerir diariamente entre 360 y 600 g de hidratos de carbono. ¡Le hace falta un buen apetito!.
Agreguemos un producto lácteo por comida, una o dos porciones diarias de productos animales y nuestro deportista estará recuperado. Ningún problema mas para el, excepto quizá el de sobrecargar su conducto digestivo con vegetales, particularmente voluminosos y pobres en calorías: así, 250 g de verduras (judías o bróculi, por ejemplo), o sea un plato bien lleno, proporcionan 70 calorías y 13 g de hidratos de carbono. El mismo peso de pasta proporciona seis veces mas glucidos. Y, evidentemente, si se sirve cantidades demasiado copiosas de verduras al principio de la comida, el deportista corre el riesgo de encontrarse saciado antes de haber satisfecho sus necesidades de calorías.
Así pues, ¿Puede prescindir de las verduras?
Vitaminas que los comprimidos no pueden sustituir
Muchas personas – incluyendo médicos – reducen el interés nutricional de las verduras y las frutas solo a las vitaminas, que las contienen en cantidades interesantes, y algunos piensan que ingiriéndolas bajo forma de comprimidos se pueden limitar, e incluso suprimir, las verduras frescas. Esta idea no es de hoy. La medicina aeroespacial ha ideado ya hace varias decenas de años las raciones “sintéticas“ que, sobre el papel, aportan todo lo que necesita nuestro cuerpo. Pero eso no funciona... Aparentemente, las verduras verdes y las frutas encierran algo mas que las vitaminas contenidas en las preparaciones farmacéuticas, y la sustitución de manzanas y tomates por vitaminas no asegura estar a salvo de carencias. Por tanto, las frutas y las verduras constituyen elementos insustituibles en nuestra dieta.
Fibras, oligoelementos y elementos químicos indispensables
Cada vez aumenta mas el interés por ciertos elementos indispensables para nuestro equilibrio, y que aparecen en cantidades ínfimas en nuestro organismo: se trata de oligoelementos tales como el selenio, el silicio, el manganeso y el molibdeno. Se ha descubierto que participan en numerosos procesos fisiológicos, por ejemplo entre otros en el desarrollo de reacciones energéticas, en la cicatrización o en el mantenimiento de los cartílagos. Para algunos de ellos, tales como el silicio o el manganeso, las frutas y las verduras frescas son las mejores fuentes. Además, no es bueno centrarse en la composición de los alimentos considerando cada uno de sus constituyentes de manera aislada, ignorando que existe entre ellos una verdadera simbiosis. Así, la vitamina C de la naranja se asimila mejor en presencia de los diversos constituyentes del cítrico, que figuran en numero extremadamente elevado, que cuando se ingiere la misma cantidad bajo forma de comprimido. A este proceso se le designa como “sinergia”, lo cual pone de relieve la preeminencia de los alimentos sobre cualquier complemento vitamínico, por muy elaborado que este.
Además, este enfoque sistematizado de los alimentos ha conducido a descuidar los componentes no nutritivos (ni vitaminas, ni minerales, ni oligoelementos), entidades químicas a veces mal conocidas, a semejanza de los 1.500 ya catalogados en el vino. Los progresos científicos realizados desde hace diez años han señalados las notables virtudes de algunos de estos componentes con nombres peculiares, tales como los “tioles” de las coles, los “licopenos”de los tomates, los “sulfuros de alila”del ajo, el “limoneno”de la naranja. Se ha demostrado su papel protector frente al cáncer. Una alimentación equilibrada debe reservar, por tanto, un lugar preferentemente a los vegetales, por otra parte ricos en fibras, esos agentes que regulan el transito intestinal.
Además, a pesar de las necesidades extremadamente elevadas de hidratos de carbono, muy difíciles de satisfacer, los ciclistas participantes en el tour de Francia no olvidan nunca comer un poco de ensalada, verduras u otra hortalizas aliñadas en crudo cada noche, sin perjuicio de completar su aporte glucidico con preparaciones energéticas.
¿Para que sirven las verduras? Pregunta descabellada, pero que se plantean frecuentemente los deportistas cuando se inquietan por la calidad de su alimentación. Comprendámosles: saben que si no comen suficientes hidratos de carbono, o sea pastas, arroz, patatas o pan, no pueden mantener su entrenamiento. Igualmente es bien conocida la importancia de las proteínas: productos lácteos (para evitar las carencias de calcio), carnes (ricas en hierro y en cinc), y huevos, deben figurar también cotidianamente en los menues de los deportistas. Todo aporte insuficiente de una de estas categorías de alimentos repercute rápidamente sobre la forma o el estado de salud: fatiga, recuperación deficiente, déficit inmunitario, reducción del numero de glóbulos rojos, y problemas de concentración, afectan a quienes no ingieren bastantes proteínas. El aporte de estos diferentes grupos de comestibles tiene prioridad, por tanto, sobre cualquier otra consideración.
Las cantidades requeridas son a veces muy copiosas. Supongamos el caso de un deportista de 60 Kg. que se entrena cinco veces por semana. Los cálculos indican que necesita ingerir diariamente entre 360 y 600 g de hidratos de carbono. ¡Le hace falta un buen apetito!.
Agreguemos un producto lácteo por comida, una o dos porciones diarias de productos animales y nuestro deportista estará recuperado. Ningún problema mas para el, excepto quizá el de sobrecargar su conducto digestivo con vegetales, particularmente voluminosos y pobres en calorías: así, 250 g de verduras (judías o bróculi, por ejemplo), o sea un plato bien lleno, proporcionan 70 calorías y 13 g de hidratos de carbono. El mismo peso de pasta proporciona seis veces mas glucidos. Y, evidentemente, si se sirve cantidades demasiado copiosas de verduras al principio de la comida, el deportista corre el riesgo de encontrarse saciado antes de haber satisfecho sus necesidades de calorías.
Así pues, ¿Puede prescindir de las verduras?
Vitaminas que los comprimidos no pueden sustituir
Muchas personas – incluyendo médicos – reducen el interés nutricional de las verduras y las frutas solo a las vitaminas, que las contienen en cantidades interesantes, y algunos piensan que ingiriéndolas bajo forma de comprimidos se pueden limitar, e incluso suprimir, las verduras frescas. Esta idea no es de hoy. La medicina aeroespacial ha ideado ya hace varias decenas de años las raciones “sintéticas“ que, sobre el papel, aportan todo lo que necesita nuestro cuerpo. Pero eso no funciona... Aparentemente, las verduras verdes y las frutas encierran algo mas que las vitaminas contenidas en las preparaciones farmacéuticas, y la sustitución de manzanas y tomates por vitaminas no asegura estar a salvo de carencias. Por tanto, las frutas y las verduras constituyen elementos insustituibles en nuestra dieta.
Fibras, oligoelementos y elementos químicos indispensables
Cada vez aumenta mas el interés por ciertos elementos indispensables para nuestro equilibrio, y que aparecen en cantidades ínfimas en nuestro organismo: se trata de oligoelementos tales como el selenio, el silicio, el manganeso y el molibdeno. Se ha descubierto que participan en numerosos procesos fisiológicos, por ejemplo entre otros en el desarrollo de reacciones energéticas, en la cicatrización o en el mantenimiento de los cartílagos. Para algunos de ellos, tales como el silicio o el manganeso, las frutas y las verduras frescas son las mejores fuentes. Además, no es bueno centrarse en la composición de los alimentos considerando cada uno de sus constituyentes de manera aislada, ignorando que existe entre ellos una verdadera simbiosis. Así, la vitamina C de la naranja se asimila mejor en presencia de los diversos constituyentes del cítrico, que figuran en numero extremadamente elevado, que cuando se ingiere la misma cantidad bajo forma de comprimido. A este proceso se le designa como “sinergia”, lo cual pone de relieve la preeminencia de los alimentos sobre cualquier complemento vitamínico, por muy elaborado que este.
Además, este enfoque sistematizado de los alimentos ha conducido a descuidar los componentes no nutritivos (ni vitaminas, ni minerales, ni oligoelementos), entidades químicas a veces mal conocidas, a semejanza de los 1.500 ya catalogados en el vino. Los progresos científicos realizados desde hace diez años han señalados las notables virtudes de algunos de estos componentes con nombres peculiares, tales como los “tioles” de las coles, los “licopenos”de los tomates, los “sulfuros de alila”del ajo, el “limoneno”de la naranja. Se ha demostrado su papel protector frente al cáncer. Una alimentación equilibrada debe reservar, por tanto, un lugar preferentemente a los vegetales, por otra parte ricos en fibras, esos agentes que regulan el transito intestinal.
Además, a pesar de las necesidades extremadamente elevadas de hidratos de carbono, muy difíciles de satisfacer, los ciclistas participantes en el tour de Francia no olvidan nunca comer un poco de ensalada, verduras u otra hortalizas aliñadas en crudo cada noche, sin perjuicio de completar su aporte glucidico con preparaciones energéticas.