ElProfe
04-jul-2007, 03:56
La diversidad alimentaría y la ausencia de regímenes severos prolongados son suficientes, por tanto, para cubrir las necesidades del deportista, quien podrá recurrir a curas temporales de vitamina C durante periodos “de riesgo”.
Una cura que no evita las enfermedades infecciosas pero atenúa
En 1968 Linus Pauling, premio Nobel de medicina, propuso por primera vez emprender curas preventivas masivas de vitamina C. Esto correspondía, según afirmaba, a la preocupación por prevenir la aparición de enfermedades infecciosas en invierno, pero también a reducir los riesgos de cáncer, lo cual contribuyo mas a popularizar sus escritos. Si bien actualmente se reconoce el rol preventivo anticáncer de la vitamina C, el beneficio aportados por esta cura en el plano inmunitario es mas controvertido.
Desde 1971, se han realizado no menos de 21 experimentos consistentes en administrar, de modo mas o menos riguroso, mas un gramo diario de vitamina C con el objetivo de prevenir enfermedades infecciosas. Una reciente publicación finlandesa ha analizado el conjunto de estos trabajos. La conclusión fue que estas curas de vitamina C, propuestas a la población general, incluso durante varias semanas, no permiten disminuir significativamente el numero de sujetos que caen enfermos. Por tanto, en este plano, la vitamina C aparece como poco eficaz. Sin embargo, hay un dato por lo menos apreciable, y es que esta cura reduce a la vez la duración de los episodios infecciosos y su severidad en el 23 % de los casos: es como si en lugar de coger una angina, una persona de cada cuatro se limitara a un corto constipado, sin duda porque la vitamina C estimula la actividad de ciertos actores de nuestras defensas inmunitarias.
La vitamina C reduce la sensibilidad de los deportistas a las infecciones
Con todo ello, ¿justifican estos resultados que se preconice la toma masiva de vitamina C por parte de los deportistas? Su mayor susceptibilidad a las infecciones hace que sean efectivamente una población “aparte”, sometida a investigaciones recientes. Una de ellas se ha realizado con los participantes en el Maratón de Comrades (90 km), prueba pedestre disputada en mayo, periodo poco propicio a la aparición de enfermedades. Los autores de este trabajo pudieron observar, en las dos semanas siguientes a esta prueba, que los que habían participado eran mas frecuentemente victimas de infecciones del aparato respiratorio, y se presentaba el doble de casos entre ellos que entre un grupo de sedentarios observados durante el mismo periodo. Entonces se les ocurrió, para la edición siguiente, proponer a un grupo de participantes una cura de vitamina C. La mitad de los participantes en este experimento recibieron, durante las tres ultimas semanas anteriores a la carrera, una dosis de 600 mg al día de vitamina C (el equivalente al contenido de dos litros de zumo fresco de naranja), y a la otra mitad se les administro un placebo. Los resultados fueron extremadamente concluyentes: un atleta suplementado de cada tres sufrió infecciones durante las dos semanas siguientes a la carrera, mientras que el grupo que recibió el placebo fue afectado el doble (dos de cada tres). Además, la duración y la severidad de los síntomas descritos por los miembros del primer grupo fueron menores, incluso en comparación con un tercer grupo constituido por no corredores que recibieron el placebo. Expresado de otro modo, mientras que los ultramaratonianos constituyen un grupo muy expuesto a las infecciones constituyen un grupo muy expuesto a las infecciones durante las dos semanas siguientes a una prueba de larga distancia, el aporte de vitamina C a titulo preventivo les convierte en un grupo menos susceptible a las enfermedades. Por el contrario, el efecto profiláctico parece menos interesante entre los que no se encuentran tan expuestos a tales agresiones, de manera cotidiana.
La vitamina C contenida en los vegetales es la mas activa
Sin embargo, no se debe considerar que la única respuesta apropiada consista en suministrar un preparado farmacéutico a base de vitamina C. Por una parte, debemos considerar lo que los bioquímicos denominan el efecto “vitamínico”o “sinérgico”. Traduce el hecho de que la actividad de la vitamina C presente en los vegetales sobrepasa siempre, en igualdad de dosis, a la de un comprimido farmacéutico. ¿Por que? Sencillamente porque en el vegetal no solo se encuentra el ácido ascórbico, sino también multitud de constituyentes anexos que refuerzan el efecto. Por otra parte, el rol de la vitamina C no se limita al refuerzo de las defensas del organismo. Participa también en la asimilación del hierro procedente de los alimentos vegetales o en la elaboración del colágeno y, por tal razón, nos parece indispensable que su aporte sea a la vez fraccionado en el curso de la jornada y diversificado. También preconizamos la diversidad alimentaría, la ausencia de regímenes severos prolongados y curas temporales de vitamina C en los periodos “de riesgo”.
Fuentes alimentarías de vitamina C (en mg/100 g):
· cinorrodon (fruto del escaramujo): 200;
· grosella negra, papaya, guayaba, mango: 150;
· fresas, limón, naranja, espinacas frescas crudas: 100;
· piña tropical, pomelo, espárragos, ensalada, frambuesas: 50;
· grosellas, cebolla, albaricoque: 35;
· sandia: 35;
· apio, zanahorias, remolacha (un mes de almacenamiento): 5.
Una cura que no evita las enfermedades infecciosas pero atenúa
En 1968 Linus Pauling, premio Nobel de medicina, propuso por primera vez emprender curas preventivas masivas de vitamina C. Esto correspondía, según afirmaba, a la preocupación por prevenir la aparición de enfermedades infecciosas en invierno, pero también a reducir los riesgos de cáncer, lo cual contribuyo mas a popularizar sus escritos. Si bien actualmente se reconoce el rol preventivo anticáncer de la vitamina C, el beneficio aportados por esta cura en el plano inmunitario es mas controvertido.
Desde 1971, se han realizado no menos de 21 experimentos consistentes en administrar, de modo mas o menos riguroso, mas un gramo diario de vitamina C con el objetivo de prevenir enfermedades infecciosas. Una reciente publicación finlandesa ha analizado el conjunto de estos trabajos. La conclusión fue que estas curas de vitamina C, propuestas a la población general, incluso durante varias semanas, no permiten disminuir significativamente el numero de sujetos que caen enfermos. Por tanto, en este plano, la vitamina C aparece como poco eficaz. Sin embargo, hay un dato por lo menos apreciable, y es que esta cura reduce a la vez la duración de los episodios infecciosos y su severidad en el 23 % de los casos: es como si en lugar de coger una angina, una persona de cada cuatro se limitara a un corto constipado, sin duda porque la vitamina C estimula la actividad de ciertos actores de nuestras defensas inmunitarias.
La vitamina C reduce la sensibilidad de los deportistas a las infecciones
Con todo ello, ¿justifican estos resultados que se preconice la toma masiva de vitamina C por parte de los deportistas? Su mayor susceptibilidad a las infecciones hace que sean efectivamente una población “aparte”, sometida a investigaciones recientes. Una de ellas se ha realizado con los participantes en el Maratón de Comrades (90 km), prueba pedestre disputada en mayo, periodo poco propicio a la aparición de enfermedades. Los autores de este trabajo pudieron observar, en las dos semanas siguientes a esta prueba, que los que habían participado eran mas frecuentemente victimas de infecciones del aparato respiratorio, y se presentaba el doble de casos entre ellos que entre un grupo de sedentarios observados durante el mismo periodo. Entonces se les ocurrió, para la edición siguiente, proponer a un grupo de participantes una cura de vitamina C. La mitad de los participantes en este experimento recibieron, durante las tres ultimas semanas anteriores a la carrera, una dosis de 600 mg al día de vitamina C (el equivalente al contenido de dos litros de zumo fresco de naranja), y a la otra mitad se les administro un placebo. Los resultados fueron extremadamente concluyentes: un atleta suplementado de cada tres sufrió infecciones durante las dos semanas siguientes a la carrera, mientras que el grupo que recibió el placebo fue afectado el doble (dos de cada tres). Además, la duración y la severidad de los síntomas descritos por los miembros del primer grupo fueron menores, incluso en comparación con un tercer grupo constituido por no corredores que recibieron el placebo. Expresado de otro modo, mientras que los ultramaratonianos constituyen un grupo muy expuesto a las infecciones constituyen un grupo muy expuesto a las infecciones durante las dos semanas siguientes a una prueba de larga distancia, el aporte de vitamina C a titulo preventivo les convierte en un grupo menos susceptible a las enfermedades. Por el contrario, el efecto profiláctico parece menos interesante entre los que no se encuentran tan expuestos a tales agresiones, de manera cotidiana.
La vitamina C contenida en los vegetales es la mas activa
Sin embargo, no se debe considerar que la única respuesta apropiada consista en suministrar un preparado farmacéutico a base de vitamina C. Por una parte, debemos considerar lo que los bioquímicos denominan el efecto “vitamínico”o “sinérgico”. Traduce el hecho de que la actividad de la vitamina C presente en los vegetales sobrepasa siempre, en igualdad de dosis, a la de un comprimido farmacéutico. ¿Por que? Sencillamente porque en el vegetal no solo se encuentra el ácido ascórbico, sino también multitud de constituyentes anexos que refuerzan el efecto. Por otra parte, el rol de la vitamina C no se limita al refuerzo de las defensas del organismo. Participa también en la asimilación del hierro procedente de los alimentos vegetales o en la elaboración del colágeno y, por tal razón, nos parece indispensable que su aporte sea a la vez fraccionado en el curso de la jornada y diversificado. También preconizamos la diversidad alimentaría, la ausencia de regímenes severos prolongados y curas temporales de vitamina C en los periodos “de riesgo”.
Fuentes alimentarías de vitamina C (en mg/100 g):
· cinorrodon (fruto del escaramujo): 200;
· grosella negra, papaya, guayaba, mango: 150;
· fresas, limón, naranja, espinacas frescas crudas: 100;
· piña tropical, pomelo, espárragos, ensalada, frambuesas: 50;
· grosellas, cebolla, albaricoque: 35;
· sandia: 35;
· apio, zanahorias, remolacha (un mes de almacenamiento): 5.